Estudiantes de Paillaco junto a autoridades durante la presentación de proyectos de innovación escolar en la Región de Los Ríos.

Estudiantes de Paillaco crean proyectos de innovación con impacto educativo y social

La ciencia no siempre comienza en un laboratorio universitario ni en un centro de investigación altamente equipado. A veces nace en una sala de clases, cuando estudiantes observan un problema cotidiano, conversan sobre posibles soluciones y transforman una idea en un proyecto concreto.

Eso fue lo que ocurrió en Paillaco, Región de Los Ríos, donde estudiantes del Liceo Bicentenario de Excelencia Rodulfo Amando Philippi presentaron dos iniciativas de innovación ante la Seremi de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Los proyectos combinan educación, tecnología, inclusión y trabajo colaborativo, mostrando el potencial de la ciencia escolar cuando se conecta con problemas reales de la comunidad.

Innovación escolar desde Paillaco

Durante una visita al establecimiento, el seremi de Ciencia de Los Ríos, Dr. Mauricio Barría, conoció iniciativas desarrolladas por estudiantes del liceo. La instancia se dio en el marco del lanzamiento de “RenovaLab: un laboratorio de ideas para liderar la transición energética en la Región de Los Ríos”, proyecto ejecutado por el Centro de Estudios Ambientales de la Universidad Austral de Chile.

Más allá del hito institucional, la visita permitió destacar el trabajo de jóvenes que están usando la creatividad, el pensamiento crítico y la tecnología para proponer soluciones educativas y sociales. En tiempos donde la innovación suele asociarse solo con empresas o universidades, este tipo de experiencias recuerda que la cultura científica también se construye desde la escuela.

Un juego para aprender, argumentar y pensar críticamente

Uno de los proyectos presentados fue “Lumiere, el despertar de los conocimientos”, un juego de mesa educativo diseñado para fortalecer habilidades cognitivas y sociales. La iniciativa busca promover el pensamiento crítico, la argumentación y el análisis histórico mediante una dinámica colaborativa.

Este tipo de herramienta es relevante porque convierte el aprendizaje en una experiencia activa. En lugar de limitarse a memorizar contenidos, los estudiantes deben discutir, razonar, tomar decisiones y defender ideas. Es decir, desarrollan habilidades que son fundamentales no solo para la escuela, sino también para la participación ciudadana y la vida adulta.

Desde una mirada científica, el valor de un proyecto así está en su capacidad para vincular conocimiento, juego y resolución de problemas. La educación científica no consiste únicamente en aprender datos, sino en desarrollar una forma de pensar: hacer preguntas, comparar evidencias, construir argumentos y revisar conclusiones.

Una app pensada para estudiantes neurodivergentes

El segundo proyecto corresponde a una aplicación móvil desarrollada por estudiantes del mismo establecimiento. La propuesta busca entregar apoyo a escolares con necesidades asociadas a la neurodivergencia y a la condición del espectro autista.

La importancia de esta iniciativa está en que aborda un desafío concreto de inclusión. La tecnología, cuando se diseña con sentido social, puede ayudar a reducir barreras, mejorar la autonomía y facilitar la participación de estudiantes que requieren apoyos específicos en su vida escolar.

Además, este tipo de desarrollo permite que los propios jóvenes se acerquen a áreas como programación, diseño de soluciones digitales, accesibilidad y empatía tecnológica. No se trata solo de crear una aplicación, sino de comprender que la innovación tiene valor cuando responde a necesidades humanas reales.

Ciencia hecha en Chile desde las aulas

La experiencia de Paillaco es un ejemplo claro de ciencia hecha en Chile desde el territorio. No se trata de grandes anuncios tecnológicos, sino de procesos formativos donde estudiantes aprenden a mirar su entorno con curiosidad y a proponer soluciones basadas en conocimiento.

Según lo destacado por la comunidad educativa, estas iniciativas nacen en el aula, especialmente en espacios vinculados al lenguaje, la participación, la argumentación democrática y la resolución de problemas cotidianos. También se conectan con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, lo que permite vincular los aprendizajes escolares con desafíos globales como la educación de calidad, la inclusión y la innovación.

Este enfoque es especialmente importante para regiones como Los Ríos, donde el desarrollo científico y tecnológico puede fortalecerse a partir de proyectos escolares, universidades, centros de investigación y comunidades locales trabajando en conjunto. En esa misma línea, iniciativas como Nobeles Australes, jóvenes de Magallanes que acercan la ciencia y el hidrógeno verde a las aulas, muestran cómo la educación científica puede conectar territorio, innovación y participación escolar.

Por qué importa fomentar la innovación escolar

Cuando estudiantes desarrollan proyectos de innovación, no solo aprenden contenidos. También entrenan habilidades clave para el futuro: colaboración, creatividad, comunicación, pensamiento crítico y capacidad para enfrentar problemas complejos.

Estas competencias son cada vez más relevantes en áreas como cambio climático, salud, educación, inteligencia artificial, transición energética y desarrollo sostenible. Por eso, apoyar la ciencia escolar no es un gesto simbólico: es una inversión en capital humano, cultura científica y participación ciudadana.

También permite que niños, niñas y jóvenes se reconozcan como protagonistas del conocimiento. Muchas vocaciones científicas comienzan precisamente con una experiencia temprana: una feria, un proyecto, una pregunta bien acompañada o una profesora que impulsa a sus estudiantes a ir más allá del contenido mínimo.

El rol de docentes y comunidades educativas

Detrás de este tipo de iniciativas también hay un trabajo docente fundamental. La profesora Mary Anne Flandez, del Liceo Rodulfo Amando Philippi, ha impulsado experiencias que buscan potenciar el conocimiento dentro y fuera del aula. Su labor muestra el impacto que puede tener una educación que no se limita a transmitir información, sino que invita a crear, investigar y participar.

La visita de la Seremi de Ciencia también incluyó la donación de libros de temática científica para la biblioteca del establecimiento, un gesto que refuerza la importancia de acercar el conocimiento a las comunidades escolares.

Una señal para la ciencia regional

Los proyectos presentados por estudiantes de Paillaco muestran que la innovación no depende únicamente de grandes presupuestos o infraestructura avanzada. También depende de preguntas relevantes, acompañamiento educativo y espacios donde las ideas puedan desarrollarse.

En ese sentido, experiencias como esta ayudan a descentralizar la conversación sobre ciencia en Chile. La investigación, la tecnología y la innovación también pueden surgir desde liceos públicos, comunas pequeñas y territorios alejados de los principales centros urbanos.

La ciencia escolar no siempre produce descubrimientos inmediatos, pero sí forma personas capaces de observar, cuestionar y crear. Y eso, para un país que necesita más pensamiento científico, es una noticia importante.

Fuente externa: Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.

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