Bosque cubierto de lluvia intensa y niebla, una escena que ilustra cómo las partículas biológicas presentes en el aire pueden aumentar la lluvia según estudios recientes

Cómo las partículas biológicas podrían aumentar la lluvia

La vida en el aire podría influir en cuándo y cuánto llueve

Un nuevo estudio revela que pequeñas partículas vivas presentes en el aire —como bacterias, granos de polen y esporas de hongos— podrían tener un papel clave para aumentar la lluvia y la formación de ésta. Estas partículas biológicas y lluvia están más conectadas de lo que imaginamos.

La investigación, publicada en npj Climate and Atmospheric Science, muestra que estos elementos orgánicos representan una fracción importante de los núcleos que permiten que el agua en las nubes se convierta en hielo. Ese hielo, al caer, se derrite y crea las gotas de lluvia que conocemos.

Cómo estas partículas ayudan a fabricar gotas

Para que una gota de lluvia exista, primero debe formarse un pequeño cristal de hielo. Ese cristal necesita un núcleo donde comenzar.
Ahí es donde entran las partículas biológicas. Aunque todavía no se entiende del todo por qué, varios tipos de bacterias, polen y esporas poseen moléculas que favorecen el crecimiento del hielo.

Athanasios Nenes, científico atmosférico del EPFL en Suiza, explica que estos fragmentos orgánicos son “los mejores núcleos de hielo en la atmósfera”. Sin ellos, muchas gotas simplemente no se formarían.

Un ciclo diario que cambia el clima

Para estudiar cómo varían estas partículas, un equipo instaló sensores en el monte Helmos, en Grecia. Durante octubre y noviembre de 2021, los instrumentos midieron la presencia de material biológico en el aire usando fluorescencia de proteínas y aminoácidos.

Los resultados mostraron un patrón claro:

  • Durante la noche, la cantidad de partículas biológicas bajó.
  • Al mediodía, sus niveles aumentaron entre 4 y 5 veces.

En condiciones normales, estas partículas componían la mayoría —o incluso la totalidad— de los núcleos que generan gotas de lluvia. Cuando el viento arrastraba polvo del Sahara, seguían representando entre el 10% y 30% de esos núcleos.

Más biopartículas, más lluvia

El equipo llevó estos datos a modelos meteorológicos. Cuando los científicos añadieron las fluctuaciones diarias de partículas biológicas, la simulación mostró un aumento de la precipitación que alcanzó hasta diez veces más en ciertos escenarios.

El hallazgo indica que estas partículas podrían influir fuertemente en eventos de lluvia, especialmente en zonas donde los ecosistemas liberan grandes cantidades de material orgánico al aire.

Un desafío urgente para los modelos climáticos

El calentamiento global ya está modificando la vegetación y los ecosistemas. Ese cambio podría aumentar la liberación de partículas biológicas a la atmósfera, lo que también alteraría los patrones de lluvia.

Nenes advierte que incluir estos datos en los modelos climáticos será esencial. Con un planeta que se calienta rápidamente, entender cómo la vida microscópica afecta las nubes podría ayudarnos a anticipar lluvias intensas, sequías y eventos extremos.

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