Vista aérea de la selva amazónica con áreas degradadas y tonos verdes apagados que reflejan la pérdida del ecosistema.

La Amazonía se está apagando: nuevas evidencias de su lenta muerte

La COP30 se realiza en Belén, una ciudad brasileña situada a las puertas de la Amazonía. La ubicación no es casual. A diez años del Acuerdo de París, los científicos advierten que la lenta muerte de la Amazonía avanza más rápido de lo que se pensaba y amenaza los esfuerzos globales por frenar el calentamiento del planeta.

La mayor selva tropical del mundo absorbe enormes cantidades de CO₂, pero décadas de deforestación y los efectos crecientes del cambio climático han debilitado su capacidad de recuperarse. Hoy, su futuro es incierto.

Un ecosistema gigante y único

La Amazonía se extiende por más de 6,7 millones de kilómetros cuadrados, lo que la convierte en una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta. Allí conviven más de 40.000 especies de plantas, miles de animales —como jaguares, osos hormigueros, nutrias gigantes, caimanes y pirañas— y una vasta red de pueblos indígenas que dependen del bosque para subsistir.

El río Amazonas, con más de 1.100 afluentes, es la mayor reserva de agua dulce del mundo y regula sistemas climáticos que afectan tanto a Sudamérica como a otras partes del planeta.

La deforestación no se detiene

Las organizaciones ambientales estiman que la Amazonía ha perdido cerca del 20% de su superficie original, mientras otra fracción similar está degradada por actividades humanas como la agricultura, la ganadería, la tala y la minería.

El año 2022 marcó un récord: casi 20.000 km² de bosque desaparecieron, el peor registro en casi dos décadas. Un cambio de gobierno en Brasil ayudó a reducir esa cifra en 2023, pero los daños acumulados ya muestran señales preocupantes.

Sequías e incendios sin precedentes

El aumento sostenido de la temperatura y la falta de lluvias han alterado el funcionamiento natural del bosque. Zonas antes húmedas están más secas y vulnerables a incendios.

Sólo en septiembre de 2024 se registraron más de 41.000 focos de incendio en Brasil, la cifra más alta para ese mes desde 2010.

Los científicos advierten que la combinación entre sequía e incendios está generando una degradación acelerada y muy difícil de revertir.

“Ríos voladores” en riesgo

La selva amazónica crea sus propios ciclos de humedad. A través de la evapotranspiración —el proceso en que las plantas liberan vapor de agua— se forman los llamados “ríos voladores”, corrientes atmosféricas que transportan humedad desde el Atlántico hacia el interior del continente.

Sin embargo, la deforestación está rompiendo este sistema. Las zonas taladas ya no liberan suficiente vapor de agua y los ríos voladores pierden fuerza. Esto afecta especialmente a la Amazonía occidental, donde selvas en Perú y Bolivia dependen del flujo de humedad generado en Brasil.

Durante la estación seca, estos ciclos se debilitan aún más.

Señales de un posible punto de inflexión

La Amazonía siempre fue resistente al fuego, pero la sequía extrema está cambiando ese comportamiento. Algunos científicos creen que el ecosistema podría acercarse a un punto de inflexión: el momento en que deje de ser un bosque tropical y se transforme en una sabana degradada.

Si eso ocurre, la Amazonía podría perder su capacidad de almacenar carbono y convertirse en un emisor neto, acelerando el calentamiento global.

Crisis hídrica en una región hecha de agua

Varios ríos amazónicos han marcado niveles históricos de sequía. En 2023 ocurrió la peor en 45 años, registrada en toda la cuenca.

Fenómenos como El Niño agravaron la situación. En muchas zonas, el agua bajó tanto que comunidades enteras quedaron aisladas y los peces murieron por miles.

La minería: un enemigo creciente

La minería ilegal —especialmente de oro— ha contaminado ríos y suelos con mercurio. A esto se suma la extracción de tierras raras, minerales clave para la industria tecnológica.

Los campamentos clandestinos se han multiplicado, y organizaciones criminales se han expandido por toda la selva, dificultando el control estatal.

Además, nuevos estudios revelan reservas de hidrocarburos bajo la Amazonía, lo que aumenta la presión extractiva sobre la región.

Una pérdida que afectaría al mundo entero

La Amazonía contiene más de 71.000 millones de toneladas métricas de carbono. Si se destruye, ese carbono volverá a la atmósfera.

La selva también ayuda a enfriar el planeta mediante la formación de nubes que reflejan la radiación solar. Su colapso tendría efectos globales en las corrientes oceánicas, los patrones climáticos y la estabilidad del sistema climático.

Salvar la Amazonía no es sólo una responsabilidad regional. Es una condición esencial para mantener un clima habitable en todo el planeta.

Mientras algunos ecosistemas colapsan, otras especies muestran adaptaciones sorprendentes frente al calor extremo.

también te podría interesar

Ultimas noticias