Fotografía de Takanori Takebe en su laboratorio, investigador que lidera estudios sobre respiración intestinal humana

¿Podemos respirar por el intestino? La ciencia ya lo está probando

Una idea inesperada: usar el intestino para respirar

Un equipo de investigadores explora una posibilidad que suena extraña, pero podría salvar vidas: respirar por el intestino. La idea surge del médico y biólogo Takanori Takebe, conocido por su trabajo en órganos cultivados en laboratorio. Su motivación no vino del laboratorio, sino de su casa.
Su padre enfermó de neumonía y necesitó ventilación mecánica. Ese proceso es invasivo y arriesgado, y Takebe se preguntó si existía otra forma de llevar oxígeno al cuerpo sin depender por completo de los pulmones.

Animales que respiran por lugares inusuales

La curiosidad de Takebe creció cuando un estudiante llevó un libro con ejemplos sorprendentes. Varias especies aprovechan otras partes del cuerpo para obtener oxígeno: piel, genitales o incluso el intestino.
Un caso llamativo es el del loach, un pez de agua dulce que puede tragar aire para complementar la respiración branquial cuando el oxígeno escasea.

Esa idea encendió una posibilidad. El intestino humano tiene una red amplia de vasos sanguíneos, por eso los enemas pueden administrar medicamentos de forma rápida. Takebe pensó que tal vez el intestino también podría absorber oxígeno.

Un enema cargado de oxígeno

El equipo desarrolló un tratamiento experimental basado en un líquido llamado perfluorodecalina, usado en medicina por su capacidad para transportar gases. Esta sustancia se puede saturar con oxígeno y administrarse por vía rectal.
Cuando el líquido entra al intestino, libera oxígeno hacia el torrente sanguíneo y, al mismo tiempo, captura dióxido de carbono.

Pruebas con ratones y cerdos mostraron resultados prometedores. En cerdos, una dosis de 400 mililitros elevó los niveles de oxígeno en la sangre por casi 20 minutos. Ensayos posteriores prolongaron ese efecto hasta media hora.

Para Takebe, el impacto fue evidente: la sangre de los animales cambiaba de un tono opaco a un rojo intenso mientras recibían oxígeno por el intestino. Ese fue, según él, su “momento aha”.

El trabajo incluso recibió un Ig Nobel en 2024, un premio que reconoce investigaciones curiosas que hacen pensar. Takebe lo aceptó usando un gorro con forma de loach, el pez que inspiró parte de la idea.

Primeras pruebas en humanos: seguridad antes que resultados

El siguiente paso fue evaluar si este método resulta seguro en personas. Veintisiete hombres sanos en Japón recibieron dosis rectales de perfluorodecalina sin oxígeno.
Las cantidades variaron desde 25 mililitros hasta 1,5 litros, el máximo permitido para ciertos exámenes radiológicos.

Los voluntarios que llegaron al litro toleraron bien el procedimiento, con solo hinchazón o molestias leves. En cambio, cuatro de los seis participantes que iban a recibir 1,5 litros debieron detener el proceso por dolor abdominal.
Los resultados aparecerán en la edición del 12 de diciembre de Med. El estudio fue financiado por EVA Therapeutics, una empresa fundada por el propio Takebe.

La próxima etapa será probar el líquido cargado con oxígeno para confirmar si realmente aumenta la oxigenación en humanos.

¿Ciencia prometedora o idea impracticable?

La investigación entusiasma a algunos médicos, pero genera dudas en otros.
John Laffey, especialista en síndrome de dificultad respiratoria aguda, se mantiene escéptico. Cree que la prioridad debería ser mejorar los tratamientos respiratorios tradicionales. Para él, el pulmón siempre será más eficiente que cualquier otro órgano.

Otro desafío es la cantidad de líquido necesaria. Un litro de perfluorodecalina puede transportar medio litro de oxígeno, pero un paciente crítico consume esa cantidad en apenas dos minutos. Ese cálculo complica la idea de usar enemas continuos para sostener la vida.

Aun así, no todos dudan. El médico Kevin Gibbs ve potencial en situaciones específicas. Por ejemplo, cuando un paciente necesita intubación, esos minutos antes de conectar un ventilador pueden ser críticos. Un aumento rápido en el oxígeno mediante un enema podría ofrecer un margen vital.

¿Un complemento para emergencias?

Takebe imagina el futuro de la respiración intestinal humana como una ayuda temporal. Serviría en procedimientos de urgencia, traslados entre hospitales o situaciones donde la ventilación estándar no está disponible de inmediato.

Pero para que eso ocurra faltan años de ensayos clínicos, validaciones y desarrollo tecnológico.

Una motivación muy personal

¿Y qué piensa el padre de Takebe sobre esta idea tan poco convencional?
Según el investigador, está orgulloso y dispuesto a ser voluntario, aunque eso, por supuesto, sería un conflicto ético. Aun así, su apoyo mantiene vivo el impulso detrás de esta investigación tan inusual como prometedora.

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